Migrar implica dejar atrás personas, lugares, costumbres y una forma de vida. Es natural experimentar emociones como tristeza, nostalgia, ansiedad o incertidumbre mientras te adaptas a una nueva realidad.
Comprender este proceso no significa que seas débil; significa que estás viviendo un cambio profundo. Con las herramientas adecuadas, es posible afrontarlo y convertirlo en una etapa de crecimiento personal.